
ISSN-e: 2542-3401
Período: eneroŰmarzo, 2026
Universidad, Ciencia y Tecnología
Vol. 30, Núm. 130 (pp. 76Ű86)
Desde esta perspectiva, el capital social adquiere un papel central para explicar la sostenibilidad
y el impacto de estas comunidades. Putnam sostiene que la conĄanza, las normas compartidas y las
redes de interacción facilitan la cooperación y la acción colectiva [
12], [13]. En entornos híbridos, estas
dimensiones se reconĄguran mediante el uso de plataformas digitales que amplían las posibilidades de
interacción, coordinación y apoyo mutuo, especialmente en contextos urbanos caracterizados por alta
complejidad social. Complementariamente, Lin enfatiza que el capital social se construye a partir del
acceso a recursos incrustados en redes sociales, los cuales pueden movilizarse tanto en espacios físicos
como digitales [
14], reforzando la capacidad de las comunidades para adaptarse y responder a desafíos
sociales.
En las ciudades latinoamericanas, estas dinámicas se desarrollan en un escenario marcado por pro-
fundas desigualdades estructurales, fragmentación territorial e informalidad urbana. El espacio urbano,
lejos de ser homogéneo, se conĄgura como un entramado de relaciones sociales, técnicas y simbólicas
que condicionan las prácticas comunitarias [
15]. Desde esta mirada, el espacio no puede entende rse
como un simple soporte físico, sino como una construcción social producida a través de prácticas, rep-
resentaciones y experiencias cotidianas [16], [17]. La integración de lo digital en este proceso amplía las
formas de apropiación del espacio urbano, dando lugar a prácticas sociales híbridas con fuerte anclaje
territorial.
Las comunidades híbridas se maniĄestan, así, como expresiones sociales situadas, donde la conec-
tividad digital se combina con la presencia física para fortalecer redes comunitarias, organizar acciones
colectivas y resigniĄcar el espacio urbano. En este sentido, las infraestructuras digitales operan como
mediadoras fundamentales de la vida urbana contemporánea, inĆuyendo tanto en la conectividad como
en la fragmentación de la ciudad [
17]. Estas infraestructuras permiten la emergencia de prácticas so-
ciales que transitan entre lo virtual y lo presencial, generando nuevas formas de participación social y
producción cultural.
Asimismo, las dimensiones afectivas y simbólicas de la interacción digital desempeñan un papel
clave en la consolidación de estas comunidades. Papacharissi [
18] destaca que los entornos digitales
facilitan la conformación de públicos articulados en torno a emociones compartidas, narrativas colectivas
y experiencias comunes, que pueden traducirse en acción social concreta. En el caso de las comunidades
híbridas, estas dinámicas afectivas fortalecen la cohesión social y potencian la movilización comunitaria
tanto en el espacio digital como en el urbano [
19].
No obstante, estos procesos no están exentos de tensiones y contradicciones. Sassen advierte que
las transformaciones digitales en las ciudades deben analizarse considerando las asimetrías de p oder,
acceso y visibilidad que caracterizan a los contextos urbanos contemporáneos [9]. En América Latina,
las comunidades híbridas reĆejan simultáneamente oportunidades de empoderamiento social y riesgos
de exclusión digital, lo que subraya la necesidad de abordajes críticos que integren dimensiones sociales,
territoriales y tecnológicas de manera articulada.
III. METODOLOGÍA
El estudio se desarrolló bajo un enfoque cualitativo con alcance exploratorioŰinterpretativo, ori-
entado a comprender las dinámicas sociales que conĄguran las comunidades híbridas en contextos
urbanos latinoamericanos. Este enfoque resultó pertinente debido a la naturaleza compleja, situada
y relacional del fenómeno analizado, el cual involucra prácticas sociales emergentes que se despliegan
simultáneamente en espacios digitales y presenciales. La investigación se sustentó en una perspectiva
socio-urbana crítica, alineada con los planteamientos de la sociedad red y la producción social del es-
pacio, que conciben la interacción digital como parte constitutiva de la vida urbana contemporánea [
1],
[
6].
La estrategia metodológica combinó técnicas de etnografía urbana y etnografía digital, permitiendo
observar y analizar las prácticas sociales tanto en el territorio físico como en los entornos virtuales donde
se articulan las comunidades híbridas. La etnografía digital se empleó para examinar interacciones me-
diadas por plataformas digitales, redes sociales y canales de comunicación comunitaria, considerando
estos espacios como extensiones del ámbito social urbano y no como esferas aisladas [
2], [8]. De manera
complementaria, la observación urbana permitió identiĄcar cómo estas interacciones digitales se mate-
rializan en prácticas presenciales, tales como encuentros comunitarios, acciones colectivas, actividades
Vera E. et. al. Comunidades híbridas
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