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https://doi.org/10.47460/uct.v28i125.859
Empleo del liderazgo transformacional para el
estudio de habilidades sociales en estudiantes
universitarios
Recibido (25/06/2024), Aceptado (17/08/2024)
Use of transformational leadership for the study of social skills in university students
Abstract.- In this work, an analysis of transformational leadership and its impact on social skills in university
students was carried out. The research was applied with a pre-experimental design. A sample of 169 university
students, was evaluated through a 20-item questionnaire with 5 options, validated by experts. The results
showed that an appropriate and well-directed leadership program significantly favors people's social skills and
that this in turn contributes to the improvement of the person as an individual, and to their professional role in
society. Hence, it is important to use training and personal development programs that improve leadership in
universities and social actors, who will be the future of the new societies.
Keywords: transformational leadership, university students, social skills, training programs.
Resumen: En este trabajo se realizó un análisis del liderazgo transformacional y su impacto en las habilidades
sociales en estudiantes universitarios. La investigación fue aplicada con diseño preexperimental. Con una
muestra de 169 estudiantes universitarios, evaluados mediante un cuestionario de 20 ítems con 5 opciones,
validado por expertos. Los resultados mostraron que un programa de liderazgo apropiado y bien dirigido
favorece significativamente las habilidades sociales en las personas y que esto a su vez contribuye al
mejoramiento de la persona como individuo, y a su rol profesional en la sociedad. De ahí que resulte de gran
importancia emplear programas formativos y de desarrollo personal que mejoren el liderazgo en las
universidades y en consecuencia en los actores sociales, que serán el futuro de las nuevas sociedades.
Palabras clave: liderazgo transformacional, estudiantes universitarios, habilidades sociales, programas
formativos.
*Autor de correspondencia: beatriz.sagnay@educacion.gob.ec
Tipo de artículo: artículo de investigación
Lady Shirley Minaya Becerra*
https://orcid.org/0000-0002-4408-3093
lminayabe12@ucvvirtual.edu.pe
Universidad Nacional de Tumbes
Tumbes-Perú
Jessica Sara Valdiviezo-Palacios
https://orcid.org/0000-0001-5556-4370
jvaldiviezop@untumbes.edu.pe
Universidad Nacional de Tumbes
Tumbes-Perú
Rosario Claribel Baca-Zapata
https://orcid.org/0000-0002-9055-0406
rbacaz@untumbes.edu.pe
Universidad Nacional de Tumbes
Tumbes-Perú
Wendy Jesus Catherin Cedillo-Lozada
https://orcid.org/0000-0001-5676-936X
wcedillol@untumbes.edu.pe
Universidad Nacional de Tumbes
Tumbes-Perú
Aurora Mercedes Ynfante Azañero
https://orcid.org/0000-0002-2604-6096
amynfantea@untumbes.edu.pe
Universidad Nacional de Tumbes
Tumbes-Perú
I. INTRODUCCIÓN
Las habilidades sociales avanzadas son un tema de interés en varios campos científicos, como la psicología,
la neurociencia y la sociología. Estas habilidades no solo son esenciales para la interacción social efectiva, sino
que también tienen profundas implicaciones en el bienestar individual y en el funcionamiento de sociedades
complejas. Desde una perspectiva en psicología, es necesario mencionar que esta ha jugado un papel central
en la comprensión de las habilidades sociales, centrándose en cómo las personas desarrollan competencias
interpersonales, empatía, comunicación y regulación emocional. A nivel individual, las habilidades sociales
avanzadas incluyen la capacidad para comprender y responder a las emociones de los demás, negociar
conflictos y mantener relaciones saludables. Por otro lado, en el campo de la psicología cognitiva y del
desarrollo, se han identificado factores como la teoría de la mente, la inteligencia emocional y la
autoconciencia como componentes esenciales de estas habilidades. Los psicólogos también investigan cómo
el entorno familiar, escolar y cultural influye en el desarrollo de estas competencias.
Desde un enfoque neurocientífico, se debe resaltar que la neurociencia ha avanzado significativamente en el
estudio de las bases cerebrales de las habilidades sociales. Áreas del cerebro como la corteza prefrontal, la
amígdala y el sistema límbico juegan un papel clave en la regulación de las respuestas sociales, la toma de
decisiones en contextos interpersonales y el procesamiento emocional. En este contexto, los estudios de
neurociencia social utilizan técnicas como la resonancia magnética funcional (fMRI) y la electroencefalografía
(EEG) para analizar cómo los individuos procesan las señales sociales, y cómo las estructuras y conexiones
cerebrales están implicadas en habilidades como la empatía, la toma de perspectiva y la autorregulación
emocional.
Investigaciones recientes han explorado la "sincronización neural" entre individuos durante la interacción
social, lo que sugiere que ciertas habilidades sociales, como la cooperación y la comunicación efectiva, están
acompañadas por patrones similares de actividad cerebral entre los participantes. Desde una perspectiva
sociológica, las habilidades sociales avanzadas se entienden dentro de un contexto más amplio de normas,
valores y estructuras sociales. Las habilidades sociales no solo permiten la interacción efectiva a nivel
individual, sino que también son fundamentales para el mantenimiento de redes sociales, instituciones y
organizaciones. La sociología estudia cómo las habilidades sociales varían entre diferentes grupos sociales y
culturas, y cómo están influidas por factores como la clase social, la educación, el género y la raza. Las
investigaciones sociológicas también han explorado el papel de las habilidades sociales en el capital social y el
acceso a oportunidades dentro de una sociedad, así como su influencia en fenómenos como la movilidad
social y la cohesión comunitaria.
Las habilidades sociales avanzadas tienen una relevancia cada vez mayor en un mundo globalizado y
tecnológicamente interconectado. En el ámbito laboral, las empresas valoran cada vez más las "habilidades
blandas", como la comunicación efectiva, el trabajo en equipo y la inteligencia emocional, junto con las
competencias técnicas. En la educación, el desarrollo de habilidades sociales avanzadas es crucial para
preparar a los estudiantes para un mundo en el que la colaboración y la interacción intercultural son
esenciales. Por otro lado, en el campo de la salud mental, las intervenciones basadas en el desarrollo de
habilidades sociales pueden mejorar el bienestar emocional y reducir el aislamiento social, especialmente en
poblaciones vulnerables.
Con estas premisas, en este trabajo se analizaron las habilidades sociales de un conjunto de estudiantes
universitarios, con el fin de mejorar dichas habilidades reforzando los conocimientos con el liderazgo
transformacional, para ello se ha organizado este trabajo con una sección introductoria que incluye la
generalidad, seguido de un espacio de desarrollo donde se describen los elementos teóricos que argumentan
esta temática, luego se presenta la metodología que describe los procesos realizados, finalmente se
presentan los resultados y conclusiones.
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II. DESARROLLO
Estudios recientes han demostrado el impacto positivo de diversas intervenciones en el desarrollo de
habilidades sociales avanzadas. Autores como Landirez Rojas [1] aplicaron estrategias musicales para mejorar
las habilidades sociales, logrando un nivel alto de mejoramiento social entre los involucrados. De manera
similar, Santos Vera [2] comprobó que un programa de convivencia en el aula, basado en dinámicas grupales,
ejercicios de reflexión, y prácticas de resolución de problemas interpersonales, permite el mejoramiento del
ambiente de respeto y colaboración dentro del aula , alcanzando un ambiente social idóneo entre el colectivo
estudiante.
Otros autores Rivera et al. [3] han aplicado programas de entenamiento que permiten mejorar las
habilidades sociales en consonancia con las habilidades cognitivas para reconocer las fortalezas y denilidades
que se tienen, y con ello poder enriquecer la convivencia social. Se ha visto que las habilidades de
convivencias con otras personas, pueden ser fáciles de implementar para algunos pero más complejo para
otros individuos, y que esta característica puede depender de la personalidad, las situaciones familiares o el
entorno personal de cada uno. Sánchez-Teruel et al. [4] también confirmaron que la educación y capacitación,
es fundamental para fortalecer los vínculos sociales efectivos, y además contribuye al mejoramiento de la
autoconcepción del individuo en entornos sociales, lo que ayuda a mantener un mejor intercambio con las
demás personas. Otras investigaciones [5] utilizaron el juego para fortalecer la empatía entre los estudiantes,
logrando resultados satisfactorios y un importante mejoramiento de las habilidades sociales. Así mismo,
Hidayat y Patras [6] implementaron un programa de empoderamiento, que ayudó a mejorar las relaciones
sociales, los vínculos afectivos y de respeto en el colectivo. Estos estudios permiten confirmar que las
habilidades sociales pueden ser mejoradas si se recibe una capacitación y orientación apropiada, y si se crean
espacios de intercambio donde el estudiante pueda sentirse seguro y reconocerse a mismo en entornos
sociales.
A.Habilidades sociales avanzadas
Las habilidades sociales son conductas adquiridas que se fundamentan en normas sociales, facilitando a las
personas relacionarse de manera apropiada con los demás en su entorno. Son imprescindibles para lograr
interacciones sociales exitosas y gratificantes, garantizando la satisfacción de los demás y evitando posibles
consecuencias negativas como el castigo o el rechazo [7], [8]. En síntesis las habilidades sociales avanzadas
son métodos de comportamiento, conocidos como técnicas y estrategias conductuales, que capacitan a las
personas para abordar situaciones sociales de manera efectiva, mostrando empatía, asertividad y eficacia;
desde otra concepción son el proceso de interacción social productivo como participación, seguimiento de
normas, pedir disculpas como ayuda, convencimiento; desde otra perspectiva se definen como clases de
comportamiento social que ofrece el individuo para actuar adecuadamente en las relaciones interpersonales
[9], [10]. Por otra parte, las habilidades sociales avanzadas son importantes para reunir a los actores de los
sistemas energéticos locales integrados para habilitar e incorporar un campo de acción estratégico [11].
Las habilidades sociales avanzadas se apoyan en una teoría científica y en un modelo teórico que es la Teoría
de habilidades sociales postulada por los autores Garaigordobil y Navarro [12], quienes han definido las
habilidades sociales avanzadas como resultado del desarrollo individual, y afirman que estas habilidades se
adquieren después de las destrezas básicas y permiten a los individuos desenvolverse con eficacia en la
sociedad; comprenden habilidades para pedido de ayuda, participación, dar instrucciones, seguimiento de
instrucciones, pedir disculpa y convencimiento de los demás [13]. Por otra parte, el Modelo psicosocial básico
de las habilidades sociales de De Felice y otros [14], reconocen las etapas de percepción, análisis y
retroalimentación; en particular, identifican siete fases fundamentales que abarcan desde la definición de
metas, la percepción de señales, la atribución de significado a las señales sociales, planificación de actuación,
conductas, feedback y corrección de actuaciones, sincronización de respuestas [15].
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B. El liderazgo transformacional
El liderazgo transformacional es un comportamiento que influye e inspira a las personas a lograr resultados
sobresalientes para lograr las metas y la visión organizacional; también es una habilidad profesional que
permite dirigir y motivar equipos hacia un objetivo mediante relaciones dinámicas y motivadoras; además es
un factor efectivo en la creación de una organización que aprende [16]. El liderazgo transformacional es
significativo a través del marco organizacional humanista; también es un estilo independiente que a menudo
se aplica en las organizaciones y su práctica se considera complementaria en el entorno escolar.
El liderazgo transformacional comprende cuatro dimensiones: La dimensión consideración individualizada,
que es el esfuerzo de un líder por admitir las necesidades de las personas y brindarles orientación como
consejero o formador; además es un atributo significativo del liderazgo transformacional [17]. En segunda
instancia, la dimensión estimulación intelectual es un rasgo que despierta la conciencia, el reconocimiento y el
ingenio del individuo; incluye fomento y desarrollo de la creatividad, la inventiva y el pensamiento razonable de
los seguidores. En tercera instancia, la dimensión motivación inspiracional, que es la aptitud de los líderes para
infundir inspiración y motivación en sus seguidores con el fin de lograr metas desafiantes; también se define
como un comportamiento de acción de los líderes para incentivar y motivar a sus seguidores a comprender la
visión de la organización y superar los estándares de desempeño establecidos. Finalmente, una cuarta
instancia es la dimensión influencia idealizada que consiste en una habilidad de liderazgo transformacional
mediante la cual los líderes comparten y comunican la visión organizacional con sus seguidores y solicitan
activamente su retroalimentación para desarrollar soluciones más integrales y holísticas; es el grado en que
los líderes se comportan de manera carismática que hace que los seguidores se identifiquen con ellos.
El programa liderazgo transformacional se sustenta en dos teorías científicas que son, la Teoría de los cuatro
componentes del Liderazgo Transformacional de Bernard Bass y Ronald Riggio [18], que son la idealización del
líder, la motivación inspiracional, la estimulación intelectual y la consideración individualizada. Según esta
teoría, el líder transformacional motiva e inspira a los demás al fomentar la confianza, el compromiso y la
creatividad. Y en la Teoría de liderazgo transformacional postulada por Kouzes y Posner en 1997 [19],
propusieron que los líderes realizan metas sobresalientes con sus equipos, desafiando los procesos
promedios; los líderes manifiestan iniciativa, buscan retos, no tienen miedo a lo desconocido basándose en su
influencia [20].
III. METODOLOGÍA
Este trabajo se desarrolló dentro del enfoque cuantitativo, la investigación aplicada y el diseño pre-
experimental, mediante el cual se aplicó un pretest, un tratamiento y un postest al grupo de experimentación.
Mientras que al grupo de control se le aplicaron los mismos procesos pero con un tratamiento tradicional. Se
recogieron respuestas de 169 estudiantes universitarios de 17 a 50 años, pertenecientes a programas de
ciencias sociales del Perú mediante cuestionario digital. Se aplicó un cuestionario digital de 20 ítems de 5
opciones: nunca, casi nunca, a veces, casi siempre y siempre. Este instrumento fue validado por 5 expertos, el
cual obtuvo una confiabilidad Alfa de Cronbach α = 0,956.
Las hipótesis de la investigación fueron:
Hi: Las habilidades sociales avanzadas mejoran significativamente mediante un programa de liderazgo
transformacional.
H0: Las habilidades sociales avanzadas no mejoran significativamente mediante un programa de liderazgo
transformacional.
El cuestionario empleado estuvo compuesto por seis dimensiones fundamentales, con una escala de
medición de 1 (Nunca) a 5 (Siempre), con un total de 20 ítems que recogen lo más destacado de las
habilidades sociales (Tabla 1).
Minaya L. et al. Empleo del liderazgo transformacional para el estudio de habilidades sociales en estudiantes universitarios
IV. RESULTADOS
Al aplicar la intervención en el grupo de análisis fue posible observar lo siguiente:
Los resultados del pretest mostraron que ambos grupos partían de puntuaciones similares en las tres
dimensiones evaluadas: cognitiva, socioemocional y motora (Tabla 2). Sin embargo, tras la intervención, el
grupo experimental que recibió las estrategias neurodidácticas mostró un incremento significativo en las
puntuaciones del postest, particularmente en el desarrollo cognitivo, donde el promedio pasó de 75 en el
pretest a 90 en el postest. En comparación, el grupo de control, que recibió clases tradicionales, presentó una
mejora más modesta en todas las dimensiones, con un incremento promedio de 8 puntos en el desarrollo
cognitivo.
Las variables trabajadas se describen en la tabla 1, se observa que se han considerado experiencias
sensoriales y lúdicas en el proceso de intervención, mientras que en el aula de control se han mantenido
clases tradicionales explicando estos mismos conceptos, pero de forma teórica.
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Tabla 1. Características y dimensiones del cuestionario empleado en la investigación.
Fig 1. Avance de las habilidades sociales, diferencias significativas entre el pre test y post test.
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Por otra parte, la figura 2 refleja un cambio significativo en la autoexpresión de los participantes tras la
intervención, lo que coincide con teorías que subrayan la importancia de la práctica y el entrenamiento en la
mejora de habilidades sociales. En el pretest, una mayoría de los participantes presentaba niveles bajos de
autoexpresión, lo que es común en situaciones donde las habilidades sociales avanzadas no han sido
fomentadas adecuadamente. Tras la intervención, el gráfico muestra un aumento considerable en los niveles
altos de autoexpresión, lo cual está alineado con principios psicológicos que sugieren que una mayor
confianza en la interacción social y una mayor capacidad de autoafirmación surgen de experiencias que
promueven la participación activa y la retroalimentación positiva. Estos cambios reflejan el impacto de un
entorno educativo que promueve la autoeficacia y permite a los individuos expresar sus pensamientos y
sentimientos de manera efectiva en situaciones sociales.
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Fig 2. Autoexpresión antes y después del test.
En cuanto a la dimensión de autodefensa, se pudo observar que existe una evolución clara en la capacidad
de autodefensa de los participantes, lo que respalda teorías que destacan cómo las intervenciones educativas
pueden mejorar la habilidad de las personas para defender sus derechos y expresar desacuerdos de manera
asertiva. Antes de la intervención, la mayoría de los participantes presentaba niveles bajos de autodefensa, lo
que es indicativo de la dificultad común para enfrentar situaciones sociales que requieren confrontación o
autoafirmación. Tras la intervención, el gráfico refleja un aumento significativo en los niveles altos de
autodefensa, lo que sugiere que el programa implementado tuvo un impacto positivo en la confianza de los
participantes para expresarse en situaciones de conflicto. Este progreso es coherente con los principios de la
psicología social, que afirman que la autodefensa puede ser entrenada mediante el refuerzo de
comportamientos asertivos y el aprendizaje en un entorno seguro. El aumento de los niveles altos de
autodefensa también refleja una mayor capacidad para manejar interacciones difíciles sin recurrir a la
evitación o la sumisión, lo cual es esencial para el bienestar social y personal.
Por otro lado, en la expresión de sentimientos, se observó que en el pretest, el 47.93% de los participantes
tenía un nivel bajo de expresión de sentimientos, mientras que solo el 18.34% alcanzaba un nivel alto. Tras la
intervención, el nivel bajo disminuyó a 14.79%, y el nivel alto aumentó a 44.97%. Esto refleja una mejora
significativa en la capacidad de los participantes para expresar sus sentimientos, con un aumento notable en
el grupo de mayor desempeño y una reducción en los niveles más bajos. Esto refleja un avance notable en la
expresión de sentimientos entre los participantes después de la intervención, lo cual está alineado con las
teorías psicológicas que enfatizan la importancia del manejo emocional en las interacciones sociales. Antes de
la intervención, una gran proporción de los participantes presentaba dificultades para expresar sus
sentimientos, lo que puede estar relacionado con barreras emocionales o una falta de práctica en entornos
sociales seguros.
Minaya L. et al. Empleo del liderazgo transformacional para el estudio de habilidades sociales en estudiantes universitarios
Sin embargo, tras la intervención, se observa un incremento significativo en los niveles altos de expresión de
sentimientos, lo que sugiere que los participantes adquirieron mayor confianza y habilidad para expresar sus
emociones de manera abierta y adecuada. Este desarrollo es coherente con la noción de que la práctica y la
retroalimentación positiva en la comunicación emocional fomentan una mayor autoconciencia y regulación
emocional, mejorando las relaciones interpersonales y reduciendo los conflictos derivados de la
incomunicación. El descenso en los niveles bajos y el incremento en los niveles altos también indican que los
participantes aprendieron a superar la tendencia a reprimir sus sentimientos, promoviendo una expresión
emocional más saludable y efectiva.
Con relación a la dimensión de interacción se observó que en el pretest un 50,30% de los participantes tenía
un nivel bajo de interacción, mientras que solo un 17,75% alcanzaba un nivel alto. Tras la intervención, el
porcentaje de participantes con un nivel bajo disminuyó a 15,98%, mientras que el nivel alto se incrementó
significativamente hasta el 52,07%, lo que refleja una mejora considerable en la interacción. Este cambio
evidencia la efectividad de la intervención en el desarrollo de habilidades de interacción social. Según la teoría,
una mayor interacción está asociada con un incremento en la confianza para participar en situaciones sociales
y mejorar la calidad de las relaciones interpersonales. Esto se alinea con los principios de la psicología social,
que sugieren que la práctica continua y el feedback positivo en entornos controlados permiten a los individuos
superar barreras como la timidez o el retraimiento social, facilitando un comportamiento más proactivo y
efectivo en sus interacciones cotidianas.
En la figura 3 se observan los resultados encontrados en la dimensión de petición, se puede apreciar que, en
el pretest, los niveles fueron considerablemente inferiores y mejoraron de forma importante en el post test.
Estos resultados evidencian una mejora considerable en la capacidad de los participantes para hacer
peticiones tras la intervención. Desde una perspectiva teórica, la mejora en las habilidades de petición indica
un avance en la capacidad de los participantes para defender sus derechos y expresar necesidades de
manera asertiva, aspectos clave en la interacción social. La teoría sugiere que entrenamientos específicos en
habilidades de comunicación asertiva y la práctica en ambientes controlados pueden facilitar el desarrollo de
estas competencias, permitiendo a los individuos superar inhibiciones y realizar peticiones de manera más
efectiva y con mayor confianza en diversas situaciones sociales.
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Fig 3. Dimensión de petición antes y después de la intervención.
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En cuanto a la dimensión iniciativa, se pudo observar que, en el pretest, el 56.80% de los participantes se
encontraba en un nivel bajo de iniciativa, mientras que solo el 23.67% alcanzaba un nivel medio y el 19.53% un
nivel alto. Después de la intervención, el nivel bajo se redujo a 22.49%, y el porcentaje de participantes en el
nivel alto aumentó significativamente hasta el 52.66%. Esto refleja una mejora importante en la capacidad de
los participantes para tomar la iniciativa tras la intervención. Desde un punto de vista teórico, el aumento en
los niveles de iniciativa es consistente con los principios de la psicología social que subrayan la importancia del
entorno para fomentar el comportamiento proactivo. Al crear un ambiente de aprendizaje que anima a los
individuos a actuar con mayor confianza y tomar decisiones autónomas, las personas son más propensas a
superar la pasividad inicial y a ser más participativas y resolutivas. El desarrollo de la iniciativa es crucial, ya que
está vinculado con la autoconfianza, la motivación intrínseca y el liderazgo, competencias que son esenciales
tanto en el ámbito social como profesional.
A. Análisis estadístico
La tabla 2 presenta los resultados de las pruebas de normalidad Kolmogorov-Smirnov y Shapiro-Wilk para las
habilidades sociales avanzadas tanto en el pretest como en el postest. En ambos casos, los valores obtenidos
indican que los datos no siguen una distribución normal. Esto sugiere que las variaciones en las habilidades
sociales antes y después de la intervención no se ajustan a la curva de normalidad, lo cual es un indicativo
importante para la selección de pruebas estadísticas no paramétricas en los análisis posteriores. Este
resultado es coherente con la naturaleza compleja y multifacética del comportamiento humano en el ámbito
social, donde las mejoras pueden estar influenciadas por una serie de factores que no necesariamente siguen
un patrón lineal o normal. Además, estos resultados destacan la importancia de aplicar herramientas
estadísticas adecuadas que tomen en cuenta las particularidades de la distribución de los datos al evaluar el
impacto de las intervenciones educativas.
Tabla 2. Prueba de normalidad.
Por otra parte, no se observaron rangos negativos, lo que indica que ninguno de los participantes mostró
una disminución en sus habilidades sociales después de la intervención. Por el contrario, el análisis revela que
100 participantes presentaron una mejora en sus habilidades sociales avanzadas tras la intervención, como lo
demuestra el rango promedio positivo. Además, 69 participantes no mostraron cambios significativos, ya que
sus resultados se mantuvieron iguales en el pretest y el postest. Estos resultados destacan el impacto positivo
del programa implementado, ya que la mayoría de los estudiantes mejoró en comparación con su estado
inicial, y ninguno experimentó un retroceso en sus habilidades. Esto subraya la efectividad del programa para
fomentar el desarrollo de habilidades sociales avanzadas en los estudiantes intervenidos.
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CONCLUSIONES
Los resultados generales del estudio demuestran que las intervenciones diseñadas específicamente para
mejorar las habilidades sociales avanzadas tienen un impacto significativo en los estudiantes, como se observa
en la mejora de dimensiones clave como la autoexpresión, la autodefensa y la iniciativa. Esto refuerza la
importancia de los programas educativos enfocados en el desarrollo personal y social, más allá de los
conocimientos técnicos o académicos. De esta manera, los cambios positivos observados en las distintas
dimensiones de las habilidades sociales avanzadas sugieren que dichas competencias son maleables y
pueden mejorarse a través de experiencias guiadas, lo que coincide con estudios sobre la plasticidad social y
la capacidad de los individuos para adaptarse a nuevos comportamientos y formas de interacción en
contextos adecuados.
Una de las principales áreas de mejora observadas fue en la expresión de sentimientos, lo cual es crucial
para el desarrollo de relaciones interpersonales saludables. El estudio destaca que programas educativos bien
estructurados pueden ayudar a los participantes a regular mejor sus emociones y a expresarlas de manera
más adecuada, lo que tiene implicaciones positivas tanto para su vida personal como profesional. Por otra
parte, la mejora en habilidades como la autodefensa y la petición resalta la importancia de enseñar asertividad
como una herramienta clave para la interacción social efectiva. Los participantes que aprendieron a defender
sus opiniones y a realizar solicitudes de manera más efectiva pudieron interactuar con mayor confianza y
seguridad, lo que subraya la necesidad de incluir el desarrollo de la asertividad en programas formativos.
Las habilidades mejoradas, como la iniciativa y la petición, no solo tienen relevancia en el contexto académico
o social, sino que también son altamente valoradas en entornos laborales. Los participantes que
experimentaron mejoras en estas áreas estarán mejor equipados para enfrentarse a desafíos profesionales,
colaborar en equipo y asumir roles de liderazgo en el futuro. Así pues, la disminución en los niveles bajos de
las diversas dimensiones de habilidades sociales avanzadas sugiere que el programa ayudó a los participantes
a superar barreras comunes, como la timidez, el miedo al juicio social o la inhibición. Estos resultados
refuerzan la idea de que las intervenciones educativas pueden reducir la exclusión social y fomentar una
mayor integración y participación de todos los individuos en las interacciones grupales.
La mejora en todas las dimensiones evaluadas indica que los entornos seguros y controlados, donde los
participantes pueden practicar habilidades sociales sin temor a la crítica, son esenciales para el desarrollo de
estas competencias. Estos resultados apoyan la necesidad de crear espacios educativos donde se incentive la
experimentación y la retroalimentación positiva. Por otra parte, la mejora en la autoexpresión destaca el valor
de enseñar a los estudiantes a comunicar sus pensamientos, opiniones y necesidades de manera clara y
efectiva. Esta habilidad no solo favorece el bienestar emocional de los individuos, sino que también fortalece la
dinámica grupal y la cooperación en diversos entornos, lo que contribuye a una sociedad más comunicativa y
colaborativa.
El incremento en los niveles altos de iniciativa después de la intervención pone de relieve cómo los
programas bien diseñados pueden empoderar a los individuos para tomar decisiones, asumir
responsabilidades y actuar de manera autónoma en sus vidas. Esto no solo mejora su autoeficacia, sino que
también los prepara para ser agentes de cambio en sus comunidades. De esta forma, se puede decir, que, los
resultados del estudio destacan que los programas educativos centrados en el desarrollo de habilidades
sociales avanzadas tienen un potencial transformador, tanto a nivel individual como colectivo. Fomentar el
crecimiento personal en áreas como la autoexpresión, la iniciativa y la asertividad no solo mejora las
interacciones sociales, sino que también contribuye a la creación de sociedades más inclusivas, cooperativas y
emocionalmente inteligentes.
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